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La Acrópolis

Para Katherine Halkidou,
                      Ateniense.
Algunos poetas alejandrinos yacen en la colina de LICABETO, centinela de Atenas, más alta y lejana que la Acrópolis.

Las horas recuperan sus acantos.
Tiempo arruinado en viejos capiteles.
Inmóvil fulge el mármol por cinceles
implacables de luz martirizado.
Estatuas, templos, plintos, respirados
por el viento y para siempre confiados
en dioses averiados por el tiempo,
que un mar aciago alcanza, y que lastima
dejándolos librados al destino.
La vida constelada de silencio.
Lejano el Licabeto. Y tan cercano.
Yace en su ladera un Alejandrino,
muerto como la Acrópolis y erguido.
Esmalte izado entre la lumbre helada.
Pasan serenas entre dos alcores
las brisas del Pireo, y las gaviotas,
la sagrada montaña circundando,
transcurren vacilantes, temblorosas,
buscan espumas en el mármol roto.