Contenido de Ordalías

 


La cogitación de las aguas innumerables

El mar vive y piensa
Todos los nacidos en su orilla
lo saben

Las oscuras poblaciones del agua
De allí provienen
los blancos atributos interminables,
Las oleadas de descripciones
sustanciales del mismo ser.
Abierto. Y el mar profundamente abierto
exhibe sin pudores
sus momentáneas urgencias,
sus grises pasiones
o sus verdes transparencias
purificadas de la materia
y del asedio del cielo.
En la arena yacen ocultas
las clepsidras. Y allí vemos
las instalaciones progresivas
del color de la tarde,
las espumas combatientes
llenas de dicterios.
Una racha fría
delata las pasiones
oscuras del mar
y el pulpo tentacular
avanza como un mal pensamiento
sobre las aguas.
Toda la masa se entrega
a la energía del viento.
La ola expresa las torsiones
de la profundidad.
Su blancura terminal
proviene del abismo
serenado por los vidrios
del cielo,
No saben la dura faena
de cambiar el color de las aguas
ni quién gobierna las mareas
cuando se instala lentamente
la calma subrepticia del mar.
Y se establece la pátina
inconfundible de las profundidades.
Se oye la ordalía de las aguas
en los vertederos nauseabundos,
de las aguas placentarias.
Al borde de las ciudades,
el rotundo propósito del hombre,
con el ascua de sus edificios
en la noche.
Como entornada celosía de convento,
como el rostro iluminado del guerrero
detrás de los respiraderos
de la visera

En el agua destilan estatuas
las alquimias del viento
Viene una ola de fondo.
densa, poderosa como el pensamiento
de las profundidades, muere
en los dicterios delirantes de la espuma.
Orla de encaje transeúnte
traspasada por las salpicaduras
de jade líquido
como las modulaciones de la cogitación
adornada con blancuras periféricas.
Yo escucho el diálogo de las aguas.
Yo juzgo las probanzas y me invade
la meditación absorta del abismo

La luz solitaria en la hondura
se refleja a si misma
se concentra
y se disuelve en polvo fulgurante

Alguien
Profiere las vastas cláusulas
mentales de las aguas ilímites.
Alguien utiliza el agua
para meditar en las profundidades
sin abandonar los actos concomitantes,
antecedentes o subsiguientes
de volición, la incesante
producción de actos puros
en oleadas insistentes.
El querer se despliega
en oleadas llenas
de las flores intencionales
de la voluntad absoluta.
En la promulgación de mandamientos
que mueven persistentemente
las mareas y se expresa en las olas de espuma
ostentando la sustancia de los propósitos,
realizados sin otro designio
que la intención misma.
Se ven los principios,
la progresión, el crecimiento,
los orígenes, las iniciaciones,
los segmentos chorreando intenciones,
los ornamentos de lejía volitiva,
el espíritu poderoso del agua
que asoma en el cachalote
denso de esperma,
pleno de sustancias seminales,
en las agitaciones multiformes
de los cefalópodos con su horrenda
emisión de tinieblas, con sus oscuras
eyaculaciones de sustancia negativa.
Es una intención significativa
un acto puro realizado puramente,
una voluntad sin resistencias.
Y la vasta masa del agua agitada
es al mismo tiempo
la meditación de las profundidades
y la voluntad del abismo insondable.
El pretender, el asediar,
el progresar, el realizar,
el espumar,
el mugir, el decrecer,
el perecimiento y la extinción.
Todo lo hacen las aguas.
Las virazones abruptas e inmotivadas.
las calmas unánimes e indestructibles,
los éxtasis interminables.

¿ Qué nuevas duras teofanías ?
-la teofanía es siempre nueva-,
¿qué mutaciones más paridoras
las del cielo que brota de los aires
y el sol de juego?
Y el agua nace de la constricción
del duro cíngulo que tuerce
su nudo como la mujer humilde
que lava su ropa cerca de la orilla
de las aguas nítidas
y hace girar helicoidalmente
la pieza de trapo llena del rocío
interno y penetrante del agua,
hasta rebosar en la superficie
la joya líquida.