La espera

No hubo nunca más una palabra
hubo crepúsculos, albas, urnas, torres,
a veces el tintineo de una risa...
Para decir frío,
señalaba un abrigo, una cueva o al astro luminoso.
Para decir no,
miraba fijamente hacia el ocaso
y ofrecía con sus manos
el líquido irisado de los vientos.
Hubo cartas con dibujos herméticos y mapas,
hubo un iceberg como un ángel guardián para su
casa
hubo en brazos de la resurrección
una espera, una señal.
Nunca más una palabra,
un sonido, el eco, un gemido.
Los días le otorgaron la feliz evasión
hacia el silencio.

Orietta Lozano

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