Madrigal

Del suelo al cielo erguida,
la espaciosa herida de tu ausencia.

Destazó mi alma y prosigue,
todo en ella entra
muere y renace de un vientre de tristeza.
Qué demudadas, cúan otras están las cosas que mirabas.

Miente su glorioso azul el día,
azul espejo de tu ausencia.
Y en los colores de las aves y las flores
y en los verdes vivientes
me acecha la mirada el dolor de no tenerte.

Triste alquimia la de mis ojos,
¡trocando en llanto tus imágenes!

Locamente te busco
cómo la alta luciérnaga solitaria en su quimera:
¡errando en la noche sin tocar los astros!

 

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©José Alfredo Ayala Mejía

Madrigal