Vejez

Volverse viejo y sombra,
herrumbre del tiempo,
arrinconada decrepitud que nadie nombra.
Las prietas carnes vigorosas otro día,
laxas, descendidas,
buscando el descanso de la tierra.
Serpenteantes pasos indecisos
hacia puertas donde nadie,
ansioso nos espera.
Vivir apenas en el revivir constante de la dicha ida,
del triunfo efímero,
del intenso amor
sepultado de tiempo y lágrimas.

Asomada a una ventana por la que todo ya pasó,
la borrosa mirada, alucinada tras ella espera
otra imposible primavera.

Resplandece el día de los otros,
verdea planicies sobrevoladas de pájaros y cantos.
Y por dentro abismos,
gigantesco silencio
del sueño traicionado,
del perdón amordazado,
en diurna noche nos ahoga.

Aterrados oímos ya el fatal fragor
de las fugitivas aguas de un existir tan vano,
turbias, desbocadas
¡hacia el sequedal infinito de la nada !

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©José Alfredo Ayala Mejía

Vejez