Que me libere el poema
de las explicaciones vespertinas,
de la zalamería,
de la lógica,
de los intelectuales,
del paternalismo.

Que se defienda solo
de las retinas ponzoñosas,
y no se derrita con los apechiches.
Que madure, responda por sus actos,
que se vaya, que se quede.

Que me libere el poema
de la cháchara y el discurso.
Que se acomode en cada rincón que lo acoja,
sin reclamos.

Que me deje,
sin viceversa,
porque yo jamás lo liberaré de mi alma.

 

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© Hernando Ibarra

Que me libere el poema