El silencio de Rimbaud

La nada llenó el silencio.
Antes
lo preñaban voces anticipadas,
voces rebeldes,
como para engastarlas
en el penacho escarpado de un río.

Frases afiladas,
extrañas armas
para batirse solo.
Pero se volvieron inservibles las palabras.
Podridas, flotaron en el estanque
como ilusiones muertas.

¿Fue acaso
el último recurso
de la lucidez temprana:
devolver el fuego,
pulverizar la náusea
con las pisadas del peregrino?

©Margarita Escobar De Andreis

El silencio de Rimbaud