Tan sólo un decir (inicio)


LA CASA QUE ME HABITA

En esa sencilla casa
fui inquilina de muchos desamores
huésped solitaria del asombro
convidada expectante de las perplejidades.

La casa como yo, fue niña, adolescente,
sus vigas de madera biche crujían
como crepita en el cuerpo inacabado
la sonrisa del amor.

Envejecimos juntas
ella descomponiéndose en su materia
yo pastoreando abismos
alimentando con cenizas
¡a hoguera de la infancia
que no he podido apagar.

Aún hay gente en ella
pero parece que se va
pues se ha vestido de andrajos
y se ha acicalado con ruinas.