Mirada de sombras (inicio)


Diario

Hoy el reloj justiciero no me quita los ojos de encima,
intento vivir con el tibio calor de una luz mortecina que se aleja : la esperanza,
de otros días en el horizonte lejano
de otras horas donde el antojo lleve la corona,
el frío de la mañana, el sofoco de la tarde
cierran el cuaderno de mis ocurrencias.
Sigue otro amanecer de parecidas horas
de alba cansada,
en vez de péndulo el látigo del reloj
cae una y otra vez sobre mi espalda,
es mitad de la semana
y la música huele a funeral.
El viento llega con el otro día y aleja los olores
mece suave sus olas el mar apacible
y poco a poco se oye el redoblante
del resucitado,
sordo aún en su ataúd de tedio,
irrumpe en sus narices frías un aire de hojas verdes,
no importa si es verano, otoño, invierno,
la primavera entona una canción de abril,
el cielo grita azul y el eco le responde.
Asomado está el viernes y encabrita las congas
el péndulo me abraza se hace amigo,
aparece la noche de ojos de tango y caminar de gato,
termina por volar la tapa hermética, es hora de subir,
de batir los colores alados de la fiesta
y saltar cual si el suelo quemase,
el vino aligere la sed o encienda los espíritus
ya nada importa,
mientras el lunes no sea impertinente
y quiera por fuerza tocar a la puerta.