Mirada de sombras (inicio)


A Timothy Mcveigh

Habla, Timothy Macveigh
antes que una inyección,
te lleve plácidamente hasta el abismo.

No tienen más arma, los verdugos modernos,
que una jeringa,
en otros casos, agente de cura o salvavidas.

Habla, díles que no naciste de un huevo,
te hizo la sociedad opulenta
y tú colaboraste con uno u otro ladrillo.

Un obsesivo entreno te volvió buen soldado.
En la guerra del Golfo te colgaron medallas
por matar enemigos.

El diligente contacto con los explosivos
te hizo hábil, meticuloso, preciso,
para lograr grandes devastaciones.

Pregúntales por qué unas muertes sí
y otras no.

Habla, Timothy,
ten confianza en tus verdugos,
pide lo que apetezcas sin exceder los veinte dólares
y come tranquilo tu último helado de menta
con chispas de chocolate,
nadie piensa envenenarte,
se estropearía la función.

Pregúntales por qué te convertiste
en el miembro podrido que se debe amputar.

Deja tu arrogancia, Timothy
y díles que te cuenten
sobre el paraíso que será la sociedad opulenta
cuando tú ya no estés.