Mirada de sombras (inicio)


La mosca

Después de elegante cabriola
se posa en la frente sudorosa,
con vuelos cortos de fino aleteo
baja hasta los labios pálidos,
haciendo gala de su perfecta máquina de alas
aterriza en la nariz,
mete la trompa entre los pelos
para extraer algún néctar,
atraída por el escaso brillo de los ojos
se posa en uno de los párpados,
roza las pestañas
sólo un leve movimiento la espanta
y vuelve sobre el ojo mismo,
ahora desértico para su sed.

El Oráculo,
consultado sobre la salud del enfermo,
ve en todo este ingenuo bagaje instintivo,
una mala señal.