Mirada de sombras (inicio)


Silencio 1


Para rodar sin aguante por el despeñadero,
huérfanos aun de hierbas que nos tiendan la mano,
basta que se suelte la palabra de más.

Para sentir en la nuca
los alientos iracundos de los prójimos,
suficiente es dejar que la acción no madure.

Para evitar darle pecho al arrepentimiento,
sin inclinar la cabeza a cada cincelazo de la culpa,
surte efecto, sin falta, la palabra de menos.