Tiempo previo (y muerto) a una comida con mi papá

Es viernes en la tarde y he estado solo todo el día en un apartamento de
40 metros cuadrados.

Ya estoy harto de haber hecho las mismas actividades durante todos los
días una y otra vez cual Sísifo: leer libros, ver películas, escuchar radio.
Definitivamente con actividades así nunca me voy a ganar el premio Nobel,
ni me van a obsequiar una ancheta en un programa de deportes ni menos
aun me van a ascender en la Empresa.

Mientras tanto me deprimo por no haber hecho nada

Pero sobre todo me asalta la angustia al saber que esta noche estoy invitado
a comer con mi papá.

Seguramente mi papá va a ordenar lo mismo, se va a tragar la comida en
15 minutos y luego me va a hacer las mismas preguntas con las cuales me
voy a sentir más que atrapado.

Los dos sabemos que eso no es más que una farsa: que ninguno de los
dos está cómodo con el otro. Pero al menos habremos cumplido con la
mala actuación hasta dentro de dos meses.
Y mientras escribo esto escucho los mismos buses que pasan por el
apartamento donde vivo
Y las mismas palomas que hacen ruidos extraños y que son las únicas que
me acompañan aunque sea en el techo de este apartamento.

A la vez siento que este poema es muy pero muy malo y que no sé cómo
terminarlo.

 

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©Wilson Orozco